
Cada diciembre escribes unas palabras en las tarjetas de tus hijos, y casi todos los años son más o menos las mismas: cariño, un beso, un nombre. Hasta que un año llega la idea: quiero escribir una carta de Navidad para mi hija, para mi hijo, una de verdad, y decir lo que en una tarjeta no cabe. Esta página es para esa carta, sea para quien sea: un niño pequeño al que todavía hay que leérsela en voz alta, un adolescente al final de un año difícil, un hijo o una hija ya mayor con casa propia, o un nieto.
Aquí encontrarás cuatro pasos que puede dar una carta de Navidad, preguntas que responder antes de escribir y seis cartas de ejemplo: a una niña de seis años, a una chica de quince, a un hijo de treinta y tantos, a una hija lejos de casa, a un bebé en su primera Navidad y a un nieto. Las familias de las cartas son inventadas. Los detalles están ahí para enseñar lo pequeños y lo precisos que pueden ser los tuyos. Al final hay frases cortas para los años en que solo da tiempo a una tarjeta, y una nota sobre cómo les llega una carta.
Por qué escribir una carta de Navidad a tus hijos
Una tarjeta lleva una frase. Una carta lleva un año. En una tarjeta puedes decirles que los quieres. En una carta puedes contarles lo que les viste hacer en marzo, lo que has notado en la persona en la que se están convirtiendo y lo que recuerdas de una Navidad de cuando eran demasiado pequeños para recordarla.
Diciembre lo pone más fácil. El año casi se ha acabado, y casi todos miramos atrás, queramos o no. Una carta deja esa mirada atrás por escrito, para una sola persona. Puede que un hijo adulto lleve años sin recibir una carta tuya.
De 1920 a 1943, J.R.R. Tolkien escribió e ilustró cartas a sus hijos con la voz de Papá Noel. Cada diciembre llegaba una carta con sello del Polo Norte para sus hijos, que con el tiempo fueron cuatro: John, Michael, Christopher y Priscilla. La primera fue para su hijo mayor, John, y las cartas se convirtieron en una tradición familiar. Se publicaron en 1976 como The Father Christmas Letters y hoy siguen en las librerías como Letters from Father Christmas; en español, Cartas de Papá Noel.
Las escribía metido en el personaje, como Papá Noel, con notas de un Oso Polar del Norte muy torpe y de un elfo llamado Ilbereth. La carta de esta página es de otro tipo: una firmada con tu propio nombre. Pero sus cartas enseñan lo que pasa cuando una carta llega cada año. Si se mantiene el tiempo suficiente, acaba siendo la crónica que una familia escribe de sí misma.
Si en tu familia el gran día es Año Nuevo, aquí no cambia nada: una carta de Año Nuevo a tus hijos tiene la misma forma, así que escríbela para el día en que de verdad se reúne la familia. Para lo que pasa una sola vez, como una boda o una graduación, tienes las cartas para los hitos de tus hijos.
Qué escribir en una carta de Navidad para tus hijos
Una buena carta de Navidad puede dar cuatro pasos, más o menos en este orden.
- Una escena de este año, con fecha. Un momento real, con un lugar y un mes si puedes. No "este año te has esforzado mucho", sino la noche en que te lo encontraste dormido en el sofá, con la mochila del colegio todavía colgada del hombro.
- Un rasgo que has visto crecer, y el momento que lo demostró. Nombra la cualidad y luego cuenta la vez concreta en que la viste. El momento convierte el elogio en prueba, y a una prueba cuesta más contestarle "qué va, no es para tanto".
- Una Navidad que eran demasiado pequeños para recordar. Cuéntales una de antes de que empiecen sus recuerdos: qué hicieron, quién los tenía en brazos, qué salió mal. Este paso solo lo tiene una carta de Navidad, porque el día vuelve cada año y une este con el primero.
- Un plan para el año que viene. Algo que quieres hacer con ellos, con un lugar o un mes: el lago en junio, la receta que por fin vas a enseñarles. Un plan hace que la carta termine mirando hacia delante, y es una promesa que puedes cumplir.
Lo ideal son entre 200 y 400 palabras. Eso son una o dos páginas a mano, o de dos a tres minutos leída en voz alta. Más corta para un niño pequeño, cuya atención se acabará antes que una página larga, y más larga para un hijo adulto, que la leerá a solas y probablemente más de una vez.

Escribir a mano merece el esfuerzo cuando puedes entregar la carta en persona. La inclinación de tu letra y la palabra que tachaste forman parte de lo que guarda quien la lee. Escribirla en el ordenador es mejor cuando la carta tiene que viajar, cuando el pulso no te acompaña o cuando quieres que salga en una fecha fijada. Ninguna de las dos es más sincera. Si la escribes en el ordenador, prueba igualmente a hacer el primer borrador con bolígrafo. Un bolígrafo te obliga a ir despacio, y aquí despacio es bueno.
Antes de que salga, léetela en voz alta en una habitación vacía. Si una frase podría haber ido en la tarjeta del año pasado, quítala. Cualquier frase que te dé un poco de pudor decir porque es tan claramente verdad, déjala. Si quieres que tu hijo oiga la carta con tu voz además de leerla, cómo grabar tu voz para tu familia explica cómo hacerlo de forma sencilla en casa.
Preguntas que responder antes de escribir
Antes de empezar la carta, responde tres o cuatro de estas en un papel cualquiera. Cada una pide algo que ninguna plantilla y ningún chatbot pueden saber, porque solo tú estabas allí. Tres buenas respuestas hacen una carta mejor que quince flojas.
Este año. Lo que viste, y cuándo.
- El momento de este año en que más orgullo te dio, cuando no sabía que estabas mirando.
- Algo que hizo y que te sorprendió, y por qué te sorprendió.
- Una frase que dijo este año y que le has repetido a otra persona.
- Su semana más difícil, y lo que hizo para salir adelante.
Quién es. Lo que has notado.
- Eso que hace igualito que tu propia madre o tu propio padre.
- Cómo trata a alguien que está teniendo un mal día.
- Algo que le importa y que tú nunca le enseñaste.
- Algo en lo que ya es mejor de lo que eras tú a su edad.
Tu parte de la historia. Lo que no puede saber sin ti.
- Qué hacías tú, y qué te preocupaba, cuando tenías su edad.
- Una cosa del día en que nació, o del día en que llegó a tu vida, que nadie más recuerda.
- La Navidad que volverías a vivir si pudieras, y qué la hizo especial.
- Algo que hiciste mal con él o con ella, y qué harías ahora.
El año que viene. Lo que planeas, y lo que esperas.
- Una cosa que esperas que se anime a probar.
- Una cosa que tienes ganas de hacer juntos.
- Lo que seguirá siendo verdad sobre lo que sientes, traiga lo que traiga el año que viene.
Una frase sacada de una web de mensajes o de un chatbot puede ser perfectamente cariñosa y aun así sonarle genérica a tu hijo, porque sabe cómo hablas tú, y nada en ella podría haber salido solo de ti.
Ejemplo: carta para un niño pequeño
Una carta a un niño pequeño se escribe para leérsela en voz alta ahora y guardarla para más adelante. Esta es de un padre a su hija, que tiene seis años.
Querida Lucía,
Esta carta trata de ti. Te la estoy leyendo en el sofá, y un día la leerás tú sola.
Tienes seis años. Este año se te han caído dos dientes, y ahora metes la lengua por el hueco para hacerme reír. Has aprendido a cruzar nadando la piscina pequeña del polideportivo sin el flotador amarillo. Te quedaste mucho rato en el borde, y luego te lanzaste, y cuando llegaste al otro lado dijiste: "Ni siquiera me ha dado miedo", y tenías los labios morados.
El primer día en el cole de mayores le enseñaste a tu profesora la tirita de la rodilla antes de decirle cómo te llamabas.
Tuviste una oruga en un bote de mermelada durante nueve días y le pusiste de nombre Profesor. Le dabas hojas del seto y cada noche le contabas cómo te había ido el día. Luego lo soltaste junto a la tapia del fondo, porque decías que echaba de menos a su familia.
Te importa que las cosas sean justas más que a nadie que yo conozca. Cuando la abuela cortó el último trozo de tarta de chocolate, le hiciste medir las dos mitades con tu regla, y luego le diste a Hugo la más grande, porque la última vez la grande te había tocado a ti.
Esta Navidad espero que te regalen las botas moradas. Espero que el abuelo vuelva a hacer el truco de la moneda. Y espero que hagamos las galletas de limón, y que tú te comas la masa, y que yo haga como que no lo veo.
Te quiero más que todos los escalones que suben hasta casa. Son cincuenta y tres.
Te quiere, papá
P. D.: Esta última parte es para más adelante, cuando seas mayor. No te acordarás de la oruga. Quería que alguien se acordara.
Léesela ese mismo día, en voz alta, y deja que te interrumpa. A un ritmo tranquilo se tarda dos o tres minutos. Luego guarda la hoja en un sitio seguro. A los seis años la disfrutará y pasará enseguida a las botas. A los veinte puede que se alegre muchísimo de tenerla, porque solo ahí quedan la oruga y la tarta medida con regla.
Ejemplo: carta de Navidad para mi hija adolescente
Una carta de Navidad a un hijo o una hija adolescente después de un año difícil tiene una sola tarea: que la lean hasta el final. Esta es de una madre a su hija de quince años.
Querida Carla,
Sé que una carta te va a hacer poner los ojos en blanco. Léela de todas formas, y luego ya puedes ponerlos.
Este no ha sido un buen año, y las dos lo sabemos. En febrero cambiaste de colegio. Dejaste de ser amiga de Marta, y todavía no sé quién se apartó primero, y he aprendido que no debo preguntarlo. Algunas semanas llegabas a casa y subías directamente a tu cuarto, y lo único que se oía era el bajo a través del techo. Este año he oído esas mismas cuatro notas muchísimas veces.
También conseguiste tú sola el trabajo de los sábados en la panadería de la calle Mayor, y no nos lo dijiste hasta que el puesto ya era tuyo. Vuelves a casa oliendo a pan, con una bolsa de lo que no se ha vendido, y la dejas en la mesa de la cocina sin decir nada. En octubre, cuando tuve gripe, hiciste arroz con huevo y me lo subiste en la bandeja del asa rota. Estaba demasiado salado. Me lo comí entero.
En abril, cuando me dijiste que querías dejar la natación, te contesté que solo estabas cansada y que se te pasaría. No estabas cansada. Hacía mucho tiempo que habías dejado de disfrutarla, intentaste decírmelo, y no te escuché, porque a mí me encantaba verte competir. Lo siento. Hiciste bien en dejarlo.
Este año, ningún consejo. Ya has tenido de sobra, por todas partes. Solo quiero que sepas que te veo, incluso a través de una puerta cerrada, y que me gusta la persona que veo.
Feliz Navidad. La bandeja ya está arreglada.
Te quiere, mamá
No hay ninguna lección en ella. A un adolescente que sale de un año difícil ya le ha dicho qué hacer cada adulto que tenía cerca, y una carta que añade una instrucción más se lee como una más. Lo que de verdad llega es reconocer el error: la natación, con su nombre, con el mes y sin excusas. Una disculpa sencilla hace más que una página de elogios. La última línea cierra un pequeño círculo abierto antes, la bandeja, para que la carta termine con ligereza.
Ejemplo: carta de Navidad para un hijo adulto
Escribir a los hijos adultos es lo más difícil de empezar, porque los viejos motivos para una carta quedan muy atrás. La misma forma sirve para una carta de Navidad a una hija adulta o a un hijo adulto. Esta es de una madre de sesenta y tantos años a su hijo, que tiene treinta y cuatro.
Querido Pablo,
Hay cosas que no voy a decir en la mesa. Tu padre se pondrá a hablar del tráfico, tú harás una broma, y el momento pasará, como pasa siempre. Así que aquí las tienes, en papel, donde nadie puede cambiar de tema.
Tienes treinta y cuatro años y yo sesenta y cuatro. Esta semana he echado la cuenta de que ya te conozco desde hace más de la mitad de mi vida, y sigues siendo la persona que más curiosidad me despierta.
La gente me pregunta a qué te dedicas. Se lo digo, asienten, y pasamos a otra cosa. Lo que me gustaría contarles es otra historia. Cuando a tu padre empezó a fallarle el oído, tú pasaste a sentarte a su izquierda en las cenas, para que pudiera oírte sin tener que pedirte que lo repitieras. Nadie te lo pidió. Nadie más se dio cuenta. Yo sí. Ese es el tipo de hombre que eres, y estoy más orgullosa de eso que de cualquier trabajo.
También lo veo con Leo. Te agachas a su altura y esperas a que termine la frase, tarde lo que tarde, incluso al final de un día largo. Te miro hacerlo y no quepo en mí.
Todavía pienso en la Navidad en que tenías nueve años. Estuviste meses ahorrando y me compraste un pajarito de cristal en el mercadillo de la calle de la Estación. Tu hermano le rompió la cola antes de Año Nuevo, y tú se la pegaste solo, muy despacio, en la mesa de la cocina. Está en el alféizar de la ventana, encima del fregadero. Todavía se ve la línea del pegamento.
Una cosa más, y léela dos veces, por favor. No hace falta que llames más a menudo. No hace falta que vengas más. Cuando vienes, es el mejor fin de semana de mi mes. Cuando no puedes, me alegro de que tengas una vida tan llena que te mantenga ocupado. Para eso te criamos.
Dale un beso a Laura de mi parte, y dile a Leo que la próxima vez que venga podrá tener en la mano el pajarito de cristal, si tiene muchísimo cuidado.
Feliz Navidad, mi niño querido,
Mamá
Tres cosas la sostienen. Elogia quién es, no lo que hace, con pruebas que nadie más vio. Le devuelve una Navidad que tenía medio olvidada, hasta la línea del pegamento. Y le quita la culpa con palabras sencillas: no debe llamadas, no debe visitas. Un hijo adulto puede leer una carta de su madre o de su padre esperando la petición del final. Cuando no llega ninguna, puede que la lea otra vez.
Ejemplo: para una hija que está lejos este año
Algunos años un hijo o una hija no puede volver a casa: un trabajo en el extranjero, unos estudios en otro país, un vuelo que cuesta lo mismo que un mes de alquiler. Esta es una carta de Navidad de un padre a su hija, que estudia en el extranjero.
Querida Sara,
Esta es la primera Navidad que no vas a estar en casa, así que primero, las noticias.
El gato sigue durmiendo en tu cama y me mira como si te hubiera echado yo. He aprendido a usar bien la videollamada, así que ya no tendrás que verme la oreja. Miro el tiempo de Toronto cada mañana antes de mirar el nuestro. Tu madre va a hacer la sopa de albóndigas de todas formas, la olla entera, y nos comeremos tu parte.
Te debo una disculpa por lo del aeropuerto. Hice una broma sobre el tamaño de tu maleta porque no me salía otra cosa, y pasaste el control pensando que tu padre se estaba haciendo el gracioso. No me estaba haciendo el gracioso. Estaba intentando no llorar delante de una fila de desconocidos.
Así que déjame decirlo bien ahora. Estoy muy orgulloso de ti. Encontraste dónde vivir tú sola, resolviste lo del banco tú sola, y por teléfono suenas como alguien que sabe adónde va. Cada vez que llamas se lo cuento a toda la calle.
¿Te acuerdas de la Nochebuena en que tenías ocho años, cuando fuimos andando hasta la pasarela de encima de las vías para ver las luces de la ciudad? Intentaste contar las ventanas encendidas de los bloques altos junto al río, y cada vez te salía un número distinto, con las manoplas en la barandilla y el aliento hecho nubecitas. Pienso en ti allí cada Nochebuena.
Estés donde estés cuando leas esto, espero que haya alguien contigo, y algo caliente para comer. Vuelves a casa en Semana Santa. Lo he marcado en rojo en el calendario, tres veces, y tu madre dice que es demasiado. No es suficiente.
Con todo mi cariño, papá
Si mandas una carta en papel, mándala con semanas de antelación, porque una carta que llega después de las fiestas se lee como algo que se te ocurrió tarde. Mejor que llegue un día antes que un día después. Una carta leída en Nochebuena en una habitación alquilada puede ser lo primero de toda la semana que sepa a casa.
Una carta por la primera Navidad del bebé, para abrir cuando sea mayor
Esta no va firmada desde el Polo Norte. Es una carta tuya, con tu propio nombre, sobre el primer año, para que tu hijo la abra cuando sea mayor. Es de un padre a su hija, que tiene nueve meses.
Querida Alba,
Tienes nueve meses, esta es tu primera Navidad y la has pasado casi entera dormida.
Tienes cuatro dientes, todos abajo. La primera comida que rechazaste fue la zanahoria. Apartaste la cuchara, me miraste y te tapaste la boca con la mano abierta. Todavía lo haces.
En esta casa nadie te llama Alba. Tu hermano te llamaba Garbancito antes de que nacieras, y se te quedó. Cuando leas esto, podrás decidir si lo perdonas.
Hoy el abuelo te ha tenido en brazos junto a la ventana mientras cocinábamos. Le has quitado la corona de papel de la cabeza y una cuchara de la mesa, y no has querido soltar ninguna de las dos. Te has quedado dormida agarrada a la corona.
Tu madre dice que tienes mis manos. Yo creo que tienes su manera de fruncir el ceño, la que pone cuando está leyendo.
Cuando leas esto ya serás mayor. Quería que tuvieras esta Navidad de todos modos, la que eras demasiado pequeña para guardar, escrita por alguien que estaba allí.
Te quiere, papá
Apunta los detalles que estás seguro de que nunca vas a olvidar: la primera palabra, la canción que paraba el llanto. Suelen ser los primeros en irse. Si prefieres una carta que se abra en un cumpleaños, mira las cartas para abrir a los 18. Para guardar esta en una caja con la pulsera del hospital y los primeros zapatos, una carta para una cápsula del tiempo explica cómo hacer una cápsula en papel que aguante.
De un abuelo o una abuela, por Navidad
Una carta de Navidad a tus nietos puede ser más corta y más ligera que la de un padre. No tiene que cargar con todo el año, solo con la parte que compartes con ellos. Esta es de una abuela a su nieto, que tiene once años.
Querido Mateo,
Tu abuelo dice que una carta es demasiada ceremonia para un chico de once años. Le he dicho que los once son la edad perfecta para recibir una, y que si tanto le importaba podía escribirte él la suya, y se ha ido a buscar las gafas de leer, que las llevaba en la cabeza.
Este año te has hecho más alto que yo. Lo hiciste en agosto, mientras yo no miraba, y ahora me apoyas el brazo en la cabeza como si fuera un poste de la valla.
Me ayudaste a plantar el ciruelo en marzo. Cavaste el hoyo demasiado hondo, luego demasiado poco, y luego, después de un vaso de leche y dos galletas, justo como tenía que ser. (Tu abuelo te dirá que el árbol fue idea suya. No lo fue.) Y dijiste: "Abuela, cuando tenga ciruelas, la primera es para mí". Te dije que sí. Ahora ya está por escrito.
Tu madre también tuvo once años. Era igual de testaruda e igual de buena, y también ponía los codos en la mesa. Nunca le dije que no pasaba nada. A ti te lo digo.
Vente a pasar el Año Nuevo con nosotros. La cama de invitados está hecha, y he comprado el zumo de naranja con pulpa que solo bebes tú.
Feliz Navidad, mi grandullón,
Tu abuela
Contarle a un nieto cómo eran su madre o su padre a su edad es algo que solo puede hacer un abuelo o una abuela. Para eso, y para todo lo demás que un abuelo podría querer poner por escrito, desde la historia familiar hasta un nieto que aún no ha nacido, mira una carta a mis nietos.
Frases cortas para una tarjeta de Navidad a tus hijos
Algunos años solo da tiempo a una tarjeta. Estos doce mensajes cortos de Navidad son un punto de partida, cuatro para cada grupo: niños pequeños, adolescentes e hijos adultos. Usa uno como primera línea y luego añade algo que solo viste tú. Los corchetes marcan dónde va lo tuyo.
Para un niño pequeño:
- Este año has aprendido a [ ]. Me encantó verte hacerlo.
- Lo más gracioso que dijiste este año fue "[ ]". Se lo he contado a todo el mundo.
- Me preguntaste por qué [ ], y todavía no lo sé. Vuelve a preguntármelo el año que viene.
- Todos los dibujos que me has dado están en la nevera. Ya no queda sitio, y me alegro.
Para un adolescente:
- No te lo digo lo suficiente, así que aquí lo tienes, en tinta: me gusta la persona que eres.
- Este año ha sido duro, y has seguido adelante. Donde más lo vi fue el día en que [ ].
- No tienes por qué tenerlo todo resuelto. Yo tampoco lo tenía, a tu edad.
- Traiga lo que traiga el año que viene, en la mesa de la cocina siempre hay un sitio para ti.
Para un hijo o una hija adultos:
- Todavía le cuento a la gente aquella vez que [ ]. Sigue siendo mi historia favorita.
- Este año por fin he [ ], eso que no parabas de decirme que hiciera. Tenías razón.
- El [ ] que me regalaste sigue siendo el que uso. Gracias por conocerme tan bien.
- Cuando pienso en este año, pienso en [ ]. Cuéntame en qué piensas tú.
Una frase es un comienzo. Si alguna te hace pensar en un momento, escribe el momento debajo, y ya tendrás media carta, y la carta es el verdadero regalo.
Cómo llega tu carta
Hay tres maneras de entregarla, y la más sencilla suele ser la mejor. Dásela en mano, la víspera o el mismo día, y deja que la lea primero a solas si lo prefiere. Mándala por correo postal, con su nombre escrito a mano, si vive lejos, y mándala pronto. O prográmala, que es lo que mejor va con un hijo que está lejos, con una carta para una Navidad de dentro de muchos años o con una carta que quieres escribir esta noche, mientras el año sigue fresco.

Para lo tercero está Goodbye App: gratis, en quince idiomas, en la web y en Android, con cartas que llegan por correo electrónico a las personas que tú indiques. Tú eliges el día y la hora en que sale cada una: esta Navidad o cualquier otra de aquí a treinta años. Si tu hijo vive en otro huso horario, ten en cuenta la diferencia. Nadie la ve hasta que se envía. Si activas la protección por inactividad opcional (entre 3 y 45 días), tus cartas pueden salir antes si tu cuenta pasa ese tiempo sin actividad.
Una carta lleva tus palabras y una grabación de tu voz. Si quieres enviar una foto, eso va en una publicación programada, que puedes compartir solo con las personas que elijas. Si es un niño pequeño y todavía no tiene correo electrónico, puedes enviársela a su madre o a su padre, a quien no la haya escrito, con el nombre del niño en la primera línea.
Si escribes para Navidades que quizá no veas
Algunos padres que leen esto no piensan tanto en esta Navidad como en las que vendrán después, porque están gravemente enfermos y puede que no estén para verlas. Si es tu caso, esta es la frase más importante de esta página: no tienes que escribir una para cada año. Con una carta basta. Una sola carta de Navidad que diga lo que ves en tu hijo, lo que recuerdas y lo que esperas para él puede leerse una y otra vez durante el resto de su vida.
Si tienes fuerzas para más, escríbelas en el orden que más te importe, y déjalo cuando lo necesites. Nuestra guía sobre una carta para cada cumpleaños que quizá te pierdas repasa cuántas escribir, y las cartas después de un diagnóstico terminal explica qué escribir primero cuando la energía escasea. Ninguna de las dos te pide hacerlo todo.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe ocupar una carta de Navidad para mis hijos? Entre 200 y 400 palabras: una o dos páginas a mano, o de dos a tres minutos leída en voz alta. Más corta para un niño pequeño, más larga para uno adulto.
¿La escribo a mano o la mando por correo electrónico? Escríbela a mano si vas a poder dársela en persona, porque la propia hoja pasa a formar parte del regalo. Mándala por correo electrónico si está lejos o si quieres que salga en una fecha fijada. O haz las dos cosas: guarda la hoja escrita a mano para la próxima vez que lo veas y manda las mismas palabras por correo electrónico.
¿Qué le escribo a un hijo adulto con el que no tengo mucha relación? Algo corto que no pida nada: un recuerdo verdadero, una cosa que respetas de él ahora y una línea sencilla que diga que la puerta está abierta, sin condiciones. Deja fuera la historia de quién dijo qué. Una carta que no necesita nada a cambio se puede leer sin miedo. Si te ha pedido que no te pongas en contacto con él, respétalo: una carta no es una forma de saltárselo.
¿Una carta para todos mis hijos o una para cada uno? Una para cada uno, aunque sean cortas. Los hermanos comparan, y una carta con solo su nombre arriba le dice a cada uno que lo has visto a él, por separado. Que tengan una extensión parecida, para que nadie cuente las líneas.
¿Es demasiado tarde para empezar una carta de Navidad cada año? No. Empieza este año, tenga la edad que tenga, y dilo en la primera línea: "Esta es la primera de estas cartas, y a partir de ahora habrá una cada Navidad". Una tradición que empieza cuando tu hijo tiene cuarenta años sigue siendo una tradición cuando cumple cincuenta.
¿Puedo programar una carta para una Navidad dentro de muchos años? Sí, si va por correo electrónico y no en papel. Usa una dirección que creas que va a conservar durante años, y no le prometas un minuto concreto: el correo electrónico se toma su tiempo.
¿Puedo poner una foto en la carta? En papel, sí: mete una foto impresa en el sobre. Por correo electrónico, deja la carta para tus palabras y tu voz, y manda la foto aparte, como se explica en Cómo llega tu carta.
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