
Probablemente no tienes mucho tiempo. Alguien ha muerto, hay un niño en la habitación de al lado o en el asiento de atrás del coche, y lo que te hace falta no es una teoría sobre cómo entienden los niños la muerte. Te hace falta una frase que puedas decir en voz alta sin que se te rompa por la mitad. Explicar la muerte a un niño no es la misma conversación a los dos años que a los cuatro, ni a los cuatro que a los nueve, y esta página te da las palabras para cada edad.
Decirle a un niño que alguien ha muerto es una conversación y no un comunicado, así que esta página empieza por la frase. Después vienen las palabras para cada edad, de los dos años a la adolescencia, cuatro conversaciones escritas enteras, respuestas honestas a las cuatro preguntas que hacen los niños, las frases que conviene evitar, una hoja de decisiones para el funeral, cómo son las primeras semanas y a quién pedir ayuda.
Esta es una guía para una conversación, no un consejo clínico. Los servicios que aparecen al final son gente que hace esto todos los días, y llamar a uno la primera semana es razonable, no una señal de que algo haya salido mal.
La primera frase, y por qué tiene que llevar la palabra murió
El mejor modelo publicado de cómo empezar viene del Dougy Center, el centro de duelo infantil de Portland, en Oregón:
Cariño, tengo una noticia muy triste. Papá ha muerto. Su corazón dejó de funcionar. Tuvo un infarto y los médicos no pudieron arreglárselo.
Cuatro frases. Avisan al niño de que viene algo, dicen el hecho con la palabra muerto en la segunda frase y no en la décima, explican morir de una manera que un niño puede imaginarse, y dicen la causa para que el niño no tenga que inventarse una.
Di murió, no una palabra más suave. Child Bereavement UK, una organización británica de duelo infantil, lo resume en una línea: hay que usar las palabras de verdad, muerto y morir. A un niño al que le dicen que han perdido al abuelo le va a interesar saber quién lo está buscando, y al que le dicen que el abuelo se nos ha ido, a dónde se ha ido.
Construye la frase en cuatro partes y luego deja de hablar.
| Parte | Cómo suena |
|---|---|
| El aviso | "Ven, siéntate conmigo. Tengo una noticia muy triste." |
| El hecho, con la palabra murió | "El abuelo murió anoche." |
| Qué significa morir, en el cuerpo | "Su cuerpo dejó de funcionar y no puede volver a funcionar." |
| La causa, dicha con su nombre | "Tenía el corazón muy dañado y los médicos no pudieron arreglarlo." |
Di el nombre de la enfermedad, si la había. El Dougy Center es muy concreto: si la persona murió de un cáncer o de una leucemia, hay que decirlo, en lugar de decir que se puso muy malito. Un niño que aprende que ponerse malo es lo que mata a la gente tiene un miedo nuevo esperando al siguiente catarro de la casa, incluido el suyo.
Díselo hoy, y díselo tú. La misma guía recomienda contárselo a los niños cuanto antes, para que lo oigan de alguien en quien confían y no de otro niño, de una llamada de teléfono escuchada a medias o de una pantalla.
Di menos de lo que traías preparado, y luego di qué va a pasar ahora. Da una explicación corta y deja que sus preguntas decidan el resto. Después, una línea sobre su propio día: quién lo va a recoger, dónde va a dormir esta noche, quién se va a quedar con él. La primera pregunta privada después de una muerte suele ser práctica, y contestarla antes de que la haga le ahorra tener que hacerla.
Cómo no empezar. No con una instrucción sobre cómo portarse, como pedirle a un niño que sea valiente o que sea fuerte por su madre. No con una pregunta ("¿sabes lo que ha pasado?"), que le deja a él el trabajo de adivinarlo. Y no con la promesa de que todo va a ir bien.
Qué decir a cada edad: cómo explicar la muerte a un niño, del bebé al adolescente, con las palabras exactas
La tabla se apoya en un solo marco. El pediatra David J. Schonfeld, en el Journal of Pediatric Health Care en 1993, describió los cuatro conceptos a los que un niño tiene que llegar para que la muerte signifique lo que significa para un adulto. Irreversibilidad: la muerte es permanente y, a diferencia de los personajes de la pantalla que mueren y vuelven, nadie regresa. Carácter definitivo: todas las funciones del cuerpo se paran, así que la persona no puede ver, ni oír, ni sentir frío, ni sentir dolor. Inevitabilidad: todo lo que está vivo muere algún día. Causalidad: a los niños hay que llevarlos hasta la causa real, porque la causa que se inventan suelen ser ellos mismos.
Una advertencia sobre los tramos de edad. Cada fuente seria divide la infancia de una manera distinta, así que las filas de abajo son una síntesis hecha para que cada tramo tenga palabras y no para fijar un estándar, y puede que tu hijo esté en la fila de arriba o en la de abajo de la que le toca por su cumpleaños. El manual español que se cita más adelante también ordena la comprensión por edades y vale la pena leerlo entero. Publican sus propios tramos Child Bereavement UK, la organización milanesa de cuidados paliativos VIDAS y el servicio italiano Unobravo.
| Edad | Qué están resolviendo | Las palabras, dichas en voz alta |
|---|---|---|
| Menos de 2 años | No tienen idea de muerte. Registran la ausencia. | "Mamá murió. No puede volver. Yo estoy aquí y yo te cuido." Dicho con claridad, y otra vez mañana. |
| 2 y 3 años | Para siempre todavía no significa nada, así que la muerte es una ausencia que debería terminarse. Las palabras se entienden al pie de la letra. | "El abuelo murió. Eso quiere decir que su cuerpo dejó de funcionar y no puede volver a funcionar, así que no va a volver a casa. Yo voy a seguir aquí todos los días." |
| 4 y 5 años | Quieren una causa y, si no se les da ninguna, se inventan una, casi siempre algo que hicieron o que desearon. | "El abuelo murió anoche. Tenía el corazón muy dañado y los médicos no pudieron arreglarlo. No va a volver y no lo vamos a ver más. Nada de lo que dijiste, pensaste o hiciste ha hecho que pase esto." |
| 6 y 7 años | Está llegando la idea de que es definitivo y, con ella, la de que esto le pasa a todo el mundo. La enfermedad empieza a dar miedo. | "La abuela murió esta mañana. Tenía un cáncer que se llama leucemia y el tratamiento no pudo pararlo. No es una enfermedad que se pegue, y no tiene nada que ver con un catarro." |
| 8 a 10 años | Entienden que la muerte es definitiva y que tiene una causa. Tienen preguntas que eligen no hacerte delante. | "Tengo algo muy triste que contarte. El tío Andrés murió esta tarde en el hospital. Esta mañana lo atropelló un coche y las heridas eran demasiado graves para que los médicos pudieran curarlas. Puedes preguntarme lo que quieras, ahora o a medianoche, y si no lo sé, te lo diré." |
| 11 y 12 años | Entienden los hechos como un adulto, con muchas ganas de no ser el raro de la clase y el instinto de cuidarte a ti. | "Mamá murió esta mañana. Te voy a contar lo que sé y lo que todavía no sé, y te lo voy a seguir contando. Cuidar de mí no es tu tarea." |
| 13 años o más | Comprensión adulta de la muerte y ninguna experiencia adulta de ella. | "Javier murió esta mañana. Te voy a contar los mismos hechos que les estoy contando a los adultos, porque tienes que oírlo de mí y no en un grupo de WhatsApp. Se desplomó en el entrenamiento de fútbol y su corazón se paró." Y luego pregúntale qué quiere saber. |
La advertencia importa más que la tabla. Schonfeld escribe que los niños llegan a estos conceptos de media entre los cinco y los siete años, que hay una variabilidad enorme entre niños de la misma edad y que los niños tienden a retroceder bajo estrés. Una muerte en la familia es estresante siempre, así que, como él mismo dice, los niños son más propensos a funcionar como si tuvieran una comprensión menos desarrollada de la muerte justo en el momento en que les hace falta una comprensión madura.
Cuatro preguntas que valen más que adivinar por el cumpleaños. Schonfeld propone cuatro preguntas para hacerle al niño, una por concepto, y averiguar dónde está de verdad este niño concreto. Hazlas en un momento tranquilo y escucha, sin corregir en el acto:
- Cuando alguien se muere, ¿puede volver a estar vivo? (irreversibilidad)
- ¿Qué les pasa a las personas después de morirse? ¿Pueden ver, oír o sentir dolor? (carácter definitivo)
- ¿Por qué se mueren las personas? (causalidad)
- ¿Quién se muere? ¿Al final se mueren todos? (inevitabilidad)
Un niño de seis años que contesta que la gente se muere por portarse mal necesita la conversación sobre la causa antes que cualquier otra cosa.
Cuatro conversaciones completas, palabra por palabra: una muerte repentina a una niña de cuatro años, una enfermedad larga a un niño de siete, una madre a uno de diez y un hermano a una adolescente
Una muerte repentina contada a una niña de cuatro años, una enfermedad larga a un niño de siete, la muerte de una madre a uno de diez y la de un hermano a una adolescente. Los niños son inventados, lo que dicen es lo que los niños suelen decir de verdad, y cada palabra de tu parte está puesta para que la cambies por la tuya. Lee en voz alta una vez la que te haga falta, para que las palabras estén en tu boca y no en una pantalla.
1. Una muerte repentina, a una niña de cuatro años. Su abuelo murió por la noche.
Tú. Lucía, ven y siéntate conmigo. Tengo una noticia muy triste. El abuelo murió anoche. Su corazón dejó de funcionar y los médicos no consiguieron volver a ponerlo en marcha. Cuando una persona muere, su cuerpo deja de funcionar del todo y no puede volver a empezar. Así que el abuelo no va a volver, y no lo vamos a ver más.
Lucía. ¿Mañana podemos ir a su casa?
Tú. Sí. El abuelo no va a estar, porque murió. La abuela sí va a estar, y va a estar muy triste, y se va a alegrar mucho de verte.
Lucía. ¿El abuelo tiene frío?
Tú. No. Cuando una persona muere no puede sentir nada de nada. No puede sentir frío y no puede sentir dolor.
Lucía. ¿Me das una galleta?
Tú. Sí. Y puedes preguntarme por el abuelo cuando quieras. Esta noche te acuesto yo, mañana te llevo yo a la guardería, y voy a estar aquí toda la semana.
Corrige lo único que ella se cree, que es que está en algún sitio pasando frío, y luego contesta a lo de la galleta sin pestañear. Volver a la galleta no significa que no se haya enterado. Esta semana va a preguntar todo esto otra vez, y las respuestas no deberían cambiar.
2. Una enfermedad larga, a un niño de siete años. Su abuela tuvo leucemia durante dos años y él sabía que estaba enferma.
Tú. Pablo, siéntate aquí conmigo un momento. Tengo una noticia triste de la abuela. La abuela murió esta mañana, en el hospital, con el abuelo y conmigo allí. La leucemia había dejado su cuerpo demasiado débil y al final su cuerpo dejó de funcionar.
Pablo. Pero se tomaba la medicina.
Tú. Sí. Funcionó mucho tiempo y nos dio dos años más con ella, y luego dejó de funcionar. Y no es porque ella hiciera nada mal, ni porque lo hiciera nadie.
Pablo. ¿La leucemia se pega? ¿Me la puedo coger yo?
Tú. No. La leucemia es un cáncer de la sangre. No se pega de nadie y nadie se la pasó a la abuela. No tiene nada que ver con un catarro, y de casi todo lo que nos pasa a ti y a mí nos curamos.
Pablo. Yo no fui a verla la última vez.
Tú. Ya lo sé. Eso no cambió nada de su enfermedad, ni un poquito. Ella sabía que la querías, y yo se lo decía cada vez. Mucha gente se queda con las ganas de haber ido una vez más. Yo también.
Dice el nombre de la enfermedad, la separa de todos los catarros que va a coger este invierno y recoge la culpa que él medio confiesa al final sin discutirle lo que siente. Dijo la frase más importante en último lugar, que es lo normal.
3. Una madre, a un niño de diez años. La frase, los hechos y las respuestas prácticas. Aquí no hay nada que adornar.
Tú. Hugo, tengo que contarte algo muy triste y te lo voy a contar ya. Mamá murió esta tarde en el hospital. Su corazón se paró, los médicos estuvieron mucho tiempo intentándolo y no pudieron volver a ponerlo en marcha.
Hugo. No. El martes estaba bien.
Tú. Es verdad. Pasó muy rápido y no se lo esperaba nadie, tampoco los médicos. Te voy a contar todo lo que quieras saber, hoy o dentro de un mes, y si no lo sé te diré que no lo sé.
Hugo. ¿Quién me va a llevar al colegio?
Tú. Yo. El lunes y todos los días siguientes. Dónde vives y quién te cuida no va a cambiar en nada.
Hugo. ¿Tengo que contárselo a todo el mundo?
Tú. No. Esta noche escribo yo al colegio para que no tengas que ser tú el que lo diga. Puedes contárselo a quien quieras, cuando quieras, y a nadie si prefieres.
Primero el hecho, y luego las dos cosas que un niño de diez años suele necesitar: los hechos de la muerte y la continuidad de su propia vida. La pregunta de si tiene que contárselo a todo el mundo es la que los adultos olvidan, y quitarle ese trabajo de encima casi siempre es lo correcto.
La misma manera de empezar, cuando el que murió es su padre. La forma no cambia y el orden tampoco. Solo se mueven la causa y el nombre de la persona:
Hugo, tengo que contarte algo muy triste y te lo voy a contar ya. Papá murió esta tarde en el hospital. Esta mañana tuvo un ictus, que es una lesión repentina dentro del cerebro, y los médicos no pudieron arreglar el daño. No volvió a despertarse y no sintió dolor. Al colegio te llevo yo el lunes y todos los días siguientes, y dónde vives y quién te cuida no va a cambiar en nada.
4. Un hermano, a una adolescente. La guía de Child Bereavement UK sobre la muerte de un hermano es la que da forma a esta: las mismas palabras directas, una culpa muy concreta recogida antes de que ella la diga, y un sitio distinto dentro de la familia.
Tú. Alba, ven y siéntate conmigo. Javier murió esta mañana. Te voy a contar exactamente lo que pasó, igual que se lo estoy contando a los adultos. Se desplomó esta mañana en el entrenamiento de fútbol. Su corazón se paró y los sanitarios de la ambulancia no consiguieron volver a ponerlo en marcha. Los médicos creen que tenía algo en el corazón que nadie sabía, y nos van a contar más esta semana. Eso es todo lo que sé ahora mismo. Cuando yo sepa más, tú vas a saber más, el mismo día.
Alba. La semana pasada fui horrible con él.
Tú. Quiero decirte algo de eso antes de que lo lleves encima. Nada de lo que le dijiste, y nada de lo que hayas pensado nunca de él, tuvo nada que ver con que se muriera. Los hermanos se dicen cosas horribles. Esto no ha sido eso.
Alba. No sé qué tengo que hacer.
Tú. No hay nada que tengas que hacer y nada que tengas que sentir. Yo también estoy de duelo por él, y no estás sola en esta casa con esto. Esta semana te va a decir cosas raras mucha gente, y alguien te va a preguntar si ahora eres hija única. No tienes que contestar nunca a eso.
La trata como a una adulta con los hechos, porque Schonfeld advierte de que los adultos dan por supuesto, equivocadamente, que un adolescente que ya razona no necesita más explicaciones. Saca la culpa en lugar de esperar a que salga, y Child Bereavement UK recomienda decir en voz alta que tú también estás de duelo, para que ella no acabe consolando a un padre o a una madre que finge estar bien. La última frase le da permiso para no contestar a la pregunta de la hija única, que es una de las cosas más solitarias que le preguntan a un hermano en duelo.
Las cuatro preguntas que hacen los niños, y respuestas honestas: ¿es culpa mía?, ¿tú también te vas a morir?, ¿dónde está ahora?, ¿puedo seguir hablando con él?
1. ¿Es culpa mía? Casi ningún niño hace esta pregunta en voz alta. Schonfeld describe la idea de causa de los niños pequeños como pensamiento mágico, muchas veces reforzado por los adultos sin querer, y escribe que los niños tienden a asumir la responsabilidad de una muerte al decidir que la causaron sus malos pensamientos o alguna acción suya que no tenía nada que ver. Su consejo es dar por hecho que la culpa está ahí incluso cuando el niño no pudo tener ninguna parte, y sacarla tú. Lo que propone decir suena más o menos así:
Muchos de los niños que he conocido a los que se les murió [la abuela] me han contado que por dentro sentían que podía haber sido culpa suya, aunque estaba clarísimo que no. Tú y yo sabemos que los pensamientos y los sentimientos no pueden hacer que una persona se muera. Yo sé que no hiciste nada que hiciera morirse a la abuela. Pero me preguntaba si tú alguna vez has sentido lo mismo que esos otros niños.
Para un niño de cuatro años, más corto: "Nada de lo que hiciste, nada de lo que dijiste y nada de lo que desearas ha hecho que pase esto. Fue su enfermedad." Si un niño cree que la gente se muere por portarse mal, esa idea lo culpa de esta muerte y le dice que el siguiente es él, así que corrígela de frente. Cuando el que ha muerto es un hermano, Child Bereavement UK nombra el mismo miedo y la misma respuesta: hay que decirles que no tienen ninguna culpa.
2. ¿Tú también te vas a morir? El manual gratuito Hablemos de duelo, escrito por la psicóloga infantil y de adolescentes Patricia Díaz Seoane para la Fundación Mario Losantos del Campo, en Madrid, es lo más útil que se ha publicado en español sobre esta pregunta. Avisa de que las dos respuestas cortas salen mal. Un sí seco le da al niño algo que temer esta misma noche. Un no seco es una mentira que va a descubrir, y te cuesta justo lo que más necesitas, que te crea. Lo que recomienda es posponer: darle la razón y poner la fecha muy lejos. Estas son las respuestas que propone:
- "Sí, mi amor, yo me voy a morir, pero dentro de mucho, mucho, mucho tiempo."
- "Me voy a morir cuando tú seas muy mayor y puedas cuidar de ti solo."
- "Claro, cariño. Pero cuando yo me muera tú serás mucho mayor. Habrás hecho un montón de cosas, habrás acabado de estudiar, quizá tengas tu propia familia, y estarás trabajando."
Los niños ponen la objeción obvia, porque alguno conoce a un niño cuyo padre murió joven. El manual también responde a eso: es verdad, y lo normal es que la gente se muera después de muchísimo tiempo, o cuando está muy, muy enferma. Y luego añade la parte práctica, que ninguna frase tranquilizadora sustituye. Di el nombre de la persona que lo cuidaría: "Si algún día me pasara algo, la tía Marisa te cuidaría, en esta casa, y ella ya lo sabe." Un adulto con nombre y apellido calma más miedo que cualquier frase sobre el tiempo.
3. ¿Dónde está ahora? El cuerpo es la mitad que los adultos se saltan. Los niños pequeños piensan en concreto y se toman las explicaciones al pie de la letra, escribe Schonfeld, y su propio ejemplo son unos niños a los que les dijeron que el cuerpo se mete en una caja y luego no querían ir al velatorio, porque se preguntaban qué había pasado con la cabeza. Así que descríbelo literalmente:
Su cuerpo entero está dentro del ataúd, tumbado. El viernes el ataúd se va a enterrar en el cementerio, bajo tierra, o se va a llevar al crematorio, donde un calor muy fuerte convierte un cuerpo en cenizas. Él no siente nada de eso, porque murió.
La otra mitad es lo que crea tu familia. Schonfeld dice que las explicaciones religiosas se pueden compartir con los niños, pero que no conviene apoyarse en ellas como única explicación de la muerte. Su argumento es un niño al que le dijeron que Dios quería tanto al bebé que se lo había llevado para tenerlo de ángel a su lado, al que también le habían dicho que la iglesia era la casa de Dios, y que se portó mal en la iglesia para que Dios viera que él no servía de ángel. Así que di tu creencia como creencia, con las palabras de tu casa, después de los hechos y no en lugar de ellos, y no te prestes una creencia que no tienes porque suene consoladora. Crea lo que crea tu familia, dos cosas siguen siendo verdad: no va a volver, y no lo vamos a ver más. Y cuando llegues al final de lo que sabes, la Sociedade Brasileira de Pediatria ofrece la mejor frase disponible en su guía sobre el duelo infantil: no lo sé, vamos a averiguarlo juntos.
4. ¿Puedo seguir hablando con él? Sí. En muchísimas casas hablarles a los muertos no es un malentendido que haya que corregir, es lo que hace la familia: en el cementerio el día de Todos los Santos o el Día de Muertos, delante del altar o de la foto de casa, en una oración, en voz alta en el coche. Nada de eso hay que arreglarlo, y a un niño al que le dicen que es una tontería se le quitan de golpe la persona y la costumbre. Lo que va al lado es la parte que es verdad, crean lo que crean en tu casa, dicha con palabras que un niño pueda sostener:
- "Sí. Puedes hablar con él cuando quieras, en voz alta o por dentro, y no tienes que contármelo."
- "No va a volver, y no lo vamos a ver más. Hablar con él sigue siendo algo que la gente hace toda su vida."
- "Si le quieres decir algo y prefieres que yo esté delante, ven a buscarme, a la hora que sea, también en mitad de la noche."
Y luego dale algo que hacer con eso. Darle las buenas noches a la foto. Tener una caja en su cuarto. Ir al cementerio, si tu familia va. O dejar que le escriba: nuestra guía para escribir una carta a alguien que murió está pensada para adultos, pero su ejercicio de gratitud, las cosas que nunca llegaste a agradecerle, funciona con un niño de ocho años y un poco de ayuda.
Frases que conviene evitar y qué decir en su lugar
Esto no va de delicadeza, va de literalidad. Un niño de cuatro años oye lo que dijiste y no lo que querías decir, así que la frase que elegiste para suavizar el golpe es muchas veces la que hay que deshacer seis meses después.
| En lugar de | Di |
|---|---|
| "Hemos perdido al abuelo." | "El abuelo murió." No se ha perdido nada y nadie lo está buscando. |
| "La abuela se nos fue." "Papá nos ha dejado." | "La abuela murió." "Papá murió." Irse tiene vuelta, y dejarnos suena a decisión suya. |
| "Está de viaje." "Está en el hospital." | "Murió. No va a volver, y no es porque haya querido irse." |
| "Se quedó dormidito." "Está descansando." | "Murió. Morir no es como dormir. El que se duerme se despierta, y él no se va a despertar." Si en casa se dice que descanse en paz, explícale que es una frase de los mayores y no que esté durmiendo. |
| "Se ha convertido en una estrellita." "Está en el cielo mirándote." | "Murió." Y, si en casa se habla del cielo, dicho como lo que crees, no como un ojo que lo vigila. |
| "Se puso muy malito y se murió." | "Tenía un cáncer que se llama leucemia. No es una enfermedad que se pegue." |
| "La abuela te está viendo a todas horas." | "La abuela murió. Podemos hablar de ella, y hablar con ella, cuando queramos." |
| "Dios se lo llevó porque lo quería mucho." | Primero los hechos, y después las palabras de tu casa para lo que creéis, dichas como una creencia. |
| "Sé fuerte." "Ahora eres el hombre de la casa." | "Puedes llorar todo lo que necesites y todo el tiempo que necesites. Cuidar de tu madre no es tu tarea." |
| "No pasa nada, todo va a estar bien." | "Esto va a ser difícil durante un tiempo, y yo voy a estar aquí todo ese tiempo." |
Las filas vienen de sitios distintos, así que conviene decir quién avisa de qué. El manual de la Fundación Mario Losantos del Campo insiste en usar las palabras muerto y morir con los niños y en dejar los eufemismos, que son casi todos los de la columna de la izquierda. Child Bereavement UK dice lo mismo de los equivalentes ingleses y añade que un eufemismo puede parecer más amable mientras crea confusión. El Memorial Sloan Kettering Cancer Center, cuya guía para familias está publicada también en español, avisa de las fórmulas que convierten la muerte en una marcha. El Dougy Center es la fuente de la regla de decir el nombre de la enfermedad. Y la fila del que te vigila desde el cielo lleva el aviso de Pro Palliativ, el proyecto educativo de la organización de cuidados paliativos Vera, en Rusia, que encuentra que la imagen consoladora del abuelo que mira desde arriba suele producir ansiedad en lugar de calma, y que nombra dos mentiras locales que hacen daño y que también se oyen en español: está en el hospital y se ha ido de viaje muy largo.
¿Debe ir el niño al funeral? Una hoja de decisiones
Antes de nada, dos cosas honestas. Schonfeld dice con claridad que se ha investigado poco sobre esto y que su guía sale de su propia experiencia clínica. Y Child Bereavement UK cuenta las dos mitades, dichas por los propios niños: algunos a los que no les dieron la opción le dijeron a la organización que les dolió profundamente no haber estado, incluso cuando la decisión se tomó con la mejor intención, mientras que los niños a los que se preparó y que fueron no se arrepintieron de haber ido. Ninguna de las dos fuentes pone una edad mínima. Tu tradición o tu familia puede ponerla, y eso es otra pregunta distinta de lo que dicen las guías; lo que dicen las guías es que la decisión es del niño y de la familia, no de una regla.
| La decisión | Qué dicen las guías | Qué decir |
|---|---|---|
| Si va o no va | Ofrécele la opción siempre que se pueda. Los niños a los que se les niega se hacen del día una imagen más aterradora que la realidad. | "El viernes es el funeral de la abuela. Puedes venir, o puedes quedarte con la tía Pilar. Las dos cosas están perfectamente bien." |
| Si de verdad lo elige él | Deja claro que la decisión es suya, que no es algo que los adultos esperen y que nadie le va a reprochar que diga que no. | "Lo que decidas me parece bien, y no me voy a llevar ningún disgusto en ninguno de los dos casos." |
| Si sabe cómo va a ser | Explícaselo en palabras sencillas, incluido que mucha gente va a estar llorando. Ayuda ir antes a ver el sitio. Prepáralo para lo que pueden decirle los adultos. | El texto de abajo, y además: "Puede que alguien diga que ya está descansando, o te pregunte si te estás portando bien con tu madre. No tienes que contestar a nadie." |
| Con quién va a estar | Un adulto al que el niño conozca y quiera, mejor si está un poco más lejos de la muerte: la persona que lo cuida, una vecina, una prima. | "La tía Pilar va a estar sentada a tu lado todo el rato, y la que manda contigo es ella, no yo." |
| Si participa en algún rito | Nunca obligues a un niño a un rito que le da miedo o que le repugna, incluido besar o tocar el cuerpo. | "Nadie te va a hacer tocar a nadie, ni subir delante." |
| Si puede salir | Dile antes que puede salir en cualquier momento. Un niño que acaba jugando en el vestíbulo puede sentirse más parte del día que uno al que dejaron en casa. | "Si quieres salir, le aprietas la mano a Pilar y salís los dos. No tienes que decir por qué." |
El texto de preparación. Esta es la parte que más adultos se dejan fuera y la que decide cómo va el día. Dilo en casa, el día antes, con tu propio detalle. El texto de abajo describe un funeral en una iglesia con el ataúd cerrado unos días después de la muerte. En buena parte del mundo hispanohablante el velatorio y el entierro se hacen en un día o dos, y en la práctica musulmana y en la judía el entierro suele ser dentro del mismo día y normalmente no hay velatorio con el cuerpo a la vista, así que puede que tengas una hora y no una tarde para decir esto. Mantén el mismo orden, con tu tradición y tus palabras, y dilo en el coche si ese es el tiempo que hay.
El viernes es el funeral de la abuela. Es en la iglesia de San Antonio y dura más o menos media hora. El cuerpo de la abuela va a estar delante, en una caja de madera larga que se llama ataúd, con la tapa cerrada. Su cuerpo entero está dentro, tumbado. Va a haber unas sesenta personas y muchas van a estar llorando, yo también y el abuelo también, y para eso es un funeral. Alguien se va a levantar a hablar de la abuela, y vamos a cantar dos canciones. Después todo el mundo viene a casa y hay algo de comer. La tía Pilar va a estar sentada a tu lado, y si en algún momento quieres salir, le aprietas la mano y sales.
La frase de que su cuerpo entero está dentro, tumbado, está ahí por lo que cuenta Schonfeld: a los niños de su ejemplo les dijeron que el cuerpo se mete en una caja y no querían entrar, porque se estaban preguntando qué había pasado con la cabeza.
Ver el cuerpo es otra pregunta. Child Bereavement UK trata ver el cuerpo por separado, y las condiciones son más estrictas. La elección tiene que ser de verdad, el niño necesita saber que nadie espera eso de él, y puede cambiar de opinión en cualquier momento, también en la puerta. Hay que describirle antes todo lo que podría ver o tocar: la sala, quién más va a estar, cómo va vestida, con qué está tapada, y que va a estar fría y que su piel va a estar muy pálida. Si tú no puedes estar en esa sala, busca a otro adulto de confianza que entre con él en lugar de quitarle la oportunidad de ir.
Si no va. Que esté en la reunión de después. Deja que haga un dibujo o escriba una tarjeta para poner encima del ataúd. Busca una forma íntima de marcar esa hora en casa. Y acuérdate de lo que dice Child Bereavement UK en su guía sobre cómo explicar un funeral: nunca es tarde para hacer un responso, una misa o cualquier otra ceremonia en la que el niño pueda despedirse.
Las primeras semanas: cómo es el duelo a cada edad
Lo más útil que se puede saber de las primeras semanas es que un niño que parece estar bien no demuestra nada. Schonfeld escribe que los niños sienten el duelo con mucha intensidad y durante mucho tiempo, pero pueden no darles esa impresión a los adultos, porque no sostienen emociones fuertes durante ratos largos. El duelo les llega a ráfagas: veinte minutos de duelo y luego fútbol. La conversación que él describe es la que hay que vigilar en uno mismo. El padre o la madre que queda dice que el niño lo está llevando muy bien mientras él se está cayendo a pedazos, y la conversación se acaba ahí. Lo que entonces le toca cargar solo al niño es justo la parte que da miedo: si fue culpa suya, si tú te vas a morir ahora, y quién lo cuidaría si pasara.
| Edad | Qué puedes ver | Qué ayuda |
|---|---|---|
| Menos de 5 años | Retrocesos en cosas que ya tenía aprendidas, muchas veces el lenguaje o el pañal. Sueño roto, cambios en la comida, no soltarte. | Trata el retroceso como algo pasajero y no lo conviertas en un segundo problema. La misma cama, el mismo desayuno, la misma gente. |
| 5 a 7 años | Jugar al funeral o a la enfermedad con los muñecos. Las mismas preguntas de hechos otra vez. Miedos nuevos a la enfermedad o a la oscuridad. | Deja que el juego pase sin interrumpirlo. Vuelve a dar los hechos sin suspirar. Responde a la versión concreta del miedo. |
| 8 a 10 años | Llorar donde no lo veas, dificultad para concentrarse, dolores de cabeza y de tripa, enfado con blancos raros, incluidos tú y la persona que murió. | Dale información sin que la pida. Dile que estar enfadado con el que se ha muerto es normal. Baja un trimestre las expectativas de casa. |
| 11 y 12 años | Competencia por fuera. Asumir tareas que no son suyas. Muchas ganas de parecer igual que todos en el colegio. | Quítale de encima las tareas de adulto, y dilo en voz alta. Pregunta cosas directas en lugar de leerle la cara. |
| 13 años o más | Encerrarse, pasar muchas horas fuera, conductas de riesgo, o nada visible en absoluto. Duelo mostrado a los amigos y no a ti. | Sigue ofreciéndote sin exigirle una escena. Un adolescente que ya razona como un adulto sigue necesitando explicaciones. |
Avisa al colegio y acordad una señal, por correo electrónico antes de que el niño vuelva, para que ningún profesor se entere delante de la clase:
Estimado Alberto: te escribo para contarte que la madre de Hugo, Carmen, murió el jueves por la tarde. Hugo tiene diez años y sabe todos los hechos. El lunes vuelve al colegio. Preferiría que no se dijera delante de la clase, y le parece bien que se lo cuentes a los demás profesores.
Me gustaría acordar una cosa. Si necesita salir del aula, dejará el estuche encima de la mesa y se irá a la biblioteca, sin tener que pedir permiso. Marta Serrano se ha ofrecido a ser la persona a la que acuda. Puede que tarde en entregar los deberes durante una temporada, y te pido que me cuentes cualquier cosa que te preocupe, por pequeña que sea. Gracias, Raúl Medina
La parte larga, de la que nadie te avisa. Schonfeld escribe que los niños hacen el duelo por etapas a lo largo de muchos años y que vuelven a procesar la muerte en cada etapa nueva de su vida, llevándole el pensamiento y los sentimientos nuevos hasta llegar a una explicación que les sirva. Así que un niño que lo aceptó a los seis años lo pregunta todo otra vez a los once, y otra vez a los dieciséis con preguntas más duras. Eso no es una recaída ni es tu explicación fallando. Es el mismo niño, con una cabeza más grande, preguntando en serio.
Los días más duros llegan por el calendario y no al azar. Nuestra guía sobre la primera Navidad sin un ser querido tiene una parte escrita para los niños, y qué decir en el aniversario de la muerte tiene las palabras para ese día.
Cuando lo primero que murió fue una mascota, y la conversación que trae consigo
Para muchísimos niños la primera muerte que conocen es la de un animal, y para muchísimos padres es la primera vez que tienen que decir la palabra en voz alta. Child Bereavement UK aplica la misma regla exacta a la muerte de una mascota: usar las palabras murió y muerto, y no que se ha quedado dormido o que lo hemos perdido. Lo que esta página no va a decir es que la muerte de una mascota prepare a un niño para la de una persona. Ninguna de las fuentes que leímos dice eso. Lo que sí es verdad es más estrecho: las palabras son las mismas, las preguntas son las mismas, y para el adulto es un ensayo de verdad.
Donde se tuerce el lenguaje es en la cita del veterinario, porque la frase que todo el mundo usa en español, lo vamos a dormir, es justo la que hay que evitar. Prepara la frase antes de ir:
El veterinario le puso a Canela una inyección con una medicina. No le dolió. Le paró el corazón, y entonces murió. No se va a despertar, porque morir no es lo mismo que dormir.
Si el animal murió en casa o en la calle, la forma sirve igual: qué pasó, que su cuerpo dejó de funcionar, que no puede volver a funcionar, y que nada de lo que hizo el niño lo causó. La pregunta de la culpa también llega aquí, porque el niño que dejó la puerta abierta ya ha hecho esa cuenta. El resto de la guía de la organización es igual que para una persona, en una escala más pequeña: dejar que sienta lo que sienta, ser claro y honesto, ayudarlo a recordar al animal de una manera concreta, y tener paciencia con lo que tarde.
Cuándo pedir ayuda, y a quién
Dos umbrales que un padre o una madre puede usar, y ninguno de los dos es una lista con la que puntuar a tu hijo.
El primero es de tiempo y de extensión. El manual español citado más arriba da la versión más práctica: mira lo que persiste y lo que se extiende. No ser capaz de retomar el hilo del colegio, ni de volver con los amigos y las actividades. Cambios de humor extremos. Tristeza que no le deja funcionar. Asumir muchísima más responsabilidad de la que le toca. Miedos que vuelven, o pensamientos que vuelven sobre la muerte. Culpa. Cualquier cosa que siga en el tiempo, o que se meta en muchas áreas de su vida, o que frene su desarrollo. Quince días duros no son eso. Cuatro meses de una vida que se encoge, sí.
El segundo es de conducta y no de sentimientos. La versión del Dougy Center es que la mayoría de los niños y adolescentes vuelven a funcionar como funcionaban antes de la muerte, que algunos corren riesgo de dificultades como depresión, ansiedad o problemas en el colegio, y que si notas conductas sostenidas que interfieren en la vida diaria del niño, conviene buscar el consejo de un profesional de la salud mental cualificado. La vida diaria es la prueba. Estar triste no es un síntoma. La misma guía te dice qué preguntarle a quien encuentres: su experiencia y su formación en duelo y pérdida, su experiencia trabajando con niños, y cómo trabaja.
Por qué un clínico mira antes a un niño que a un adulto. La Asociación Americana de Psiquiatría resume los criterios del trastorno por duelo prolongado con dos ventanas distintas: al menos un año desde la muerte en un adulto, y al menos seis meses en un niño o un adolescente. La gente que hace este trabajo empieza a mirar antes en los niños, así que es una razón para preguntar pronto, no una casilla que marcar.
Una cosa que no es un punto de una lista. Si un niño de cualquier edad habla de querer morirse, de irse con la persona que murió o de acabar con su vida, eso no es algo a lo que estar atento. Llama hoy a su pediatra o a tu médico y, si tienes cualquier duda sobre su seguridad, al servicio de urgencias de donde vivas. En España hay además la línea 024 de atención a la conducta suicida, gratuita y abierta las veinticuatro horas, y el 112 para emergencias. Hoy, no después del funeral.
Tres muertes para las que esta página no da guion a propósito. Una muerte por suicidio, una muerte violenta y una muerte que el niño vio. Cada una cambia qué decir y en qué orden, las guías no son iguales en todos los países, y en esos tres casos equivocarse con las palabras hace daño de verdad. Child Bereavement UK mantiene guías aparte para estas muertes, igual que los servicios de abajo. Usa esas y no adaptes nada de aquí.
Tu propio apoyo cuenta como apoyo del niño. El Dougy Center señala que la investigación relaciona cómo le va a un niño después de una muerte con cómo les va a los adultos que tiene alrededor.
| Dónde vives | A quién llamar, y qué ofrece |
|---|---|
| Reino Unido | Child Bereavement UK, teléfono 0800 02 888 40. Especialistas en duelo, sin cita y sin lista de espera, de 8 a 20 horas de lunes a viernes salvo festivos, en todo el Reino Unido y para menores de 25 años. También Grief Encounter, cuyo teléfono grieftalk es el 0808 802 0111, y Hope Again, la parte juvenil de Cruse Bereavement Support. |
| Estados Unidos | El Dougy Center de Portland acompaña a niños, adolescentes, jóvenes y a sus familias desde 1982. El directorio de la National Alliance for Children's Grief lista 669 sitios y se puede filtrar por servicio, edad e idioma, lo que sirve para encontrar atención en español. Está centrado en Estados Unidos: su menú de estados solo añade Australia, Bermudas, Canadá, Japón, Países Bajos y Nueva Zelanda. |
| España | Fundación Mario Losantos del Campo, en Madrid, que tiene un servicio gratuito de psicoterapia de duelo para niños y adolescentes y publica el manual citado más arriba. Tu centro de salud y el gabinete de orientación del colegio son las otras dos puertas, y el 024 atiende la conducta suicida las veinticuatro horas. |
| Italia | VIDAS, en Milán, en el 02.300808.1: un servicio psicológico gratuito con hasta seis sesiones de apoyo en el duelo, y consultas con profesores. |
| Países Bajos | Stichting Achter de Regenboog, teléfono de orientación 085 047 15 71, para niños y jóvenes que han perdido a alguien cercano. |
| Alemania | Nicolaidis YoungWings Stiftung, en Múnich: ayuda tras la muerte de un padre o una madre para niños, adolescentes y jóvenes, en persona en la Sternenhaus, por teléfono o en línea. |
| Francia | Empreintes, en París: una línea nacional de escucha en el duelo abierta a cualquiera que esté ante una muerte, y un grupo de ayuda mutua para niños en duelo. |
| Rusia | Pro Palliativ, el proyecto educativo de la organización de cuidados paliativos Vera, publica guías para padres sobre cómo hablar de la muerte con un niño y nombra las mentiras locales que conviene evitar. |
| Portugal y Brasil | APELO, Espaço do Luto, en Aveiro, que trabaja en los dos países y forma a profesionales del duelo. En Brasil, tu centro de salud y la guía pediátrica enlazada más arriba son los otros puntos de partida. |
| América Latina y cualquier otro país | El pediatra de tu hijo, el colegio y el hospital o la unidad de cuidados paliativos que atendió a la persona que murió casi siempre pueden darte el nombre de un servicio de duelo de tu zona, y en muchos países hay grupos de duelo en los hospitales públicos y en las parroquias. El manual de la Fundación Mario Losantos del Campo es gratuito, está en español y se descarga desde cualquier país. Child Bereavement UK publica material en español, árabe, farsi, ucraniano, danés, sueco y tigriña, y su teléfono atiende a quien llame desde fuera del Reino Unido. |
Qué va a querer saber tu hijo a los dieciocho, y qué puedes grabar esta semana
Las preguntas de esta guía son las que hace un niño esta semana. A los dieciocho hace otras, a quien quede para contestarlas. Cómo era su voz. Qué pensaba de mí. Las respuestas están en esta casa ahora mismo, en la cabeza de unos adultos demasiado cansados este mes para estar pensando en 2040. Tres cosas pequeñas, y ninguna te ocupa una noche:
- Apunta la conversación que acabas de tener. Lo que dijiste, lo que preguntó, las palabras que usó. Dentro de diez años no se va a acordar nadie.
- Graba dos minutos con tu propia voz. No un discurso: una historia normal de la persona que murió, contada como la contarías en la mesa. Nuestra guía para grabar tu voz para tu familia cubre la parte práctica y, si la única grabación que queda de la persona que murió es un mensaje antiguo del contestador, eso tiene fecha de caducidad, así que mira cómo guardar un mensaje de voz antes de que alguien dé de baja la línea.
- Escribe una carta hacia delante, para leerla dentro de unos años, cuando el niño tenga edad de querer la respuesta larga. Nuestras cartas para los hitos de tus hijos y las cartas para abrir a los 18 traen ejemplos por los que empezar y, si quien quiere escribir es el adulto que se está muriendo, las cartas después de un diagnóstico terminal están escritas para eso.
Goodbye App está hecha para la tercera. Una carta lleva lo que escribiste y una sola grabación tuya diciéndolo, así que la historia y la voz que la cuenta viajan juntas. El día y la hora en que le llega los eliges tú, hasta 30 años más adelante, que es toda la distancia entre un niño de cuatro años y una mujer de treinta y cuatro, y llega como un correo electrónico a las personas que tú nombres. La carta es privada hasta que se envía, es gratis, y funciona en 15 idiomas desde la web y desde Android. Si activas la protección por inactividad, que es opcional, las cartas salen antes si tu cuenta se queda sin actividad el tiempo que tú elijas, entre 3 y 45 días.
Nada de esto es el objetivo de esta página. Nada grabado ni programado sustituye a la conversación, y una carta para los dieciocho no le sirve de nada a un niño al que no le dijeron la verdad a los cuatro. Di primero la frase. Lo demás puede esperar a que la casa esté en silencio.
Preguntas que hacen los padres
¿Cuándo debería contárselo? En cuanto puedas, y mejor hoy. Los niños se enteran igual, por una llamada escuchada a medias, por un primo, por un compañero de clase, por una pantalla. Lo único que puedes decidir es si lo oyen de alguien que los quiere.
¿A qué edad entiende un niño la muerte? Schonfeld pone la media entre los cinco y los siete años para los cuatro conceptos que forman la comprensión adulta, con una variabilidad enorme entre niños de la misma edad, y avisa de que los niños retroceden bajo estrés, que es lo que es siempre una muerte en la familia. Así que un niño de siete puede oírlo esta semana como uno de cuatro. Las cuatro preguntas de la sección de las edades averiguan dónde está de verdad tu hijo, que es mejor que adivinar por el cumpleaños.
¿Cómo le digo a un niño que su padre o su abuelo ha muerto? Las mismas cuatro partes en el mismo orden, con su nombre y su causa de muerte dentro. La tabla de edades da la frase para cada año, la primera conversación es un abuelo contado a una niña de cuatro años, y la tercera trae la variante del padre escrita para uno de diez. Di la palabra que el niño usa para él, papá o abuelo, y no "tu padre".
¿Se lo digo a todos los niños a la vez? Normalmente juntos, para que nadie cargue con un secreto toda una tarde, y después unos minutos a solas con cada uno. La primera frase puede ser la misma para todos. La segunda no puede ser la misma para uno de cuatro años y uno de doce.
¿Puedo llorar delante de ellos? Sí, y ayuda. Dilo para que no tengan que adivinarlo: "Estoy llorando porque la echo mucho de menos. Dentro de un rato estaré bien." Un niño que ve a un adulto estar triste y después pasar la fuente ha aprendido algo verdadero sobre el duelo.
¿Tengo que contarle cómo murió? Cuéntale el hecho y la causa con palabras claras, incluido el nombre de la enfermedad. No todos los detalles, y la prueba para cada uno es sencilla: ¿saberlo cambia lo que el niño entiende, o solo lo asustado que está?
Ya le dije que se había quedado dormido. ¿Lo he estropeado? No. No hay nada roto, y el arreglo es una frase dicha hoy: "Ayer te dije que el abuelo se había quedado dormido. Esa no era la manera de contártelo y quiero decírtelo bien. El abuelo murió." A los niños les sienta mucho mejor una corrección de un adulto de confianza que una historia que nunca acaba de cuadrar.
No ha reaccionado de ninguna manera. ¿Me preocupo? Casi seguro que no. Deja la puerta abierta en lugar de preguntarle seis veces al día cómo está: habla de la persona que murió en una conversación normal, deja la hora de dormir lo bastante larga para que caiga una pregunta, y responde a lo que traiga cuando lo traiga.
¿Debería volver al colegio enseguida? Muchos niños quieren recuperar lo de siempre rápido, y lo de siempre vive sobre todo en el colegio. Escribe antes al colegio, acordad un adulto y una manera de salir del aula, y déjalo ir.
¿Y si los adultos de la familia no se ponen de acuerdo en qué contarle? Acordad una sola frase antes de que hable nadie, aunque sea un término medio. Un niño que oye dos versiones concluye que le están administrando la verdad y se va a buscarla a otra parte.
¿Cómo le explico la muerte a un niño autista, o a un niño al que el lenguaje le cuesta? Las mismas palabras claras, más literales, más veces, y avisando mucho más de todo lo que vaya a cambiar en la casa. Fuera todas las figuras del lenguaje, incluidas las amables. Di qué va a pasar y en qué orden, y cuenta con repetirlo con las mismas palabras. Los servicios de duelo de arriba son a quienes pedir una guía escrita para tu hijo concreto.
¿Y si lo hago mal? Algo lo vas a hacer mal, y va a importar muchísimo menos de lo que temes. Lo que los niños recuerdan de esta semana no es cómo estaba formulado. Es que alguien les dijo la verdad, se quedó en la habitación mientras la encajaban, y volvió al día siguiente a contestar otra vez la misma pregunta.
Si estás leyendo esto porque piensas en el suicidio, por favor, habla hoy con alguien. findahelpline.com reúne líneas de ayuda gratuitas y confidenciales en tu país, y encontrarás más en nuestra página sobre el suicidio y las autolesiones.
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